Si eres TDAH, puede que te haya ocurrido en más de una ocasión encontrarte con características o comportamientos que siempre has considerado simplemente parte de tu forma de ser, rasgos distintivos de tu personalidad o de tu historia individual.
Quizá siempre has pensado que ciertos modos de actuar eran solo “tuyos”, sin relacionarlos con nada más amplio o compartido. Y sin embargo, en algún punto de tu recorrido, te das cuenta de que algunas de estas características no son solo expresiones casuales de tu individualidad, sino que representan en realidad rasgos específicos y recurrentes vinculados precisamente a la condición del TDAH.
Esto puede dar lugar a una verdadera toma de conciencia: aquello que parecía un aspecto un poco extraño o incómodo de tu forma de ser forma parte, sí, de tu identidad, pero al mismo tiempo es también una manifestación directa de tu neurodivergencia. Un ejemplo muy emblemático de este fenómeno es la dispraxia motora.
La dispraxia motora es una dificultad específica que afecta a la coordinación y a la planificación de los movimientos.
En otras palabras, se trata de una condición en la que el cerebro tiene dificultades para enviar señales precisas al cuerpo para realizar acciones voluntarias de forma fluida y eficiente.
No se trata de un problema muscular o de fuerza, sino de un aspecto relacionado con la organización motora y la capacidad de ejecutar secuencias motoras complejas o incluso muy simples.
La dispraxia motora está estrechamente vinculada al TDAH: numerosos estudios y observaciones clínicas han demostrado que existe una comorbilidad significativa entre ambas condiciones.
Esto significa que la presencia de TDAH aumenta la probabilidad de experimentar también dispraxia motora, aunque no siempre se reconozca ni se diagnostique como tal.
Lo que suele ocurrir es que las personas TDAH no se dan cuenta, al menos hasta cierto punto, de que algunos aspectos de su vida cotidiana – como caerse con frecuencia, tropezar, hacerse daño de forma aparentemente casual o chocar con objetos y muebles – no son solo eventos ocasionales o distracciones debidas a la prisa o a una simple falta de atención.
Por el contrario, estos episodios repetidos son señales concretas de una dificultad motora subyacente, una pieza del conjunto más amplio de la condición neurodivergente.
A continuación veremos algunos ejemplos sencillos compartidos de dispraxia motora en el TDAH.

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12 ejemplos de dispraxia motora en el TDAH
Es importante señalar que no es posible ser exhaustivos cuando se habla de dispraxia, ya que cada persona vive esta condición de manera única.
La dispraxia motora, de hecho, está influida por muchos factores individuales, y cada persona puede manifestarla en determinadas actividades mientras logra controlarla mejor en otras.
Entre los fenómenos más frecuentes y compartidos por la comunidad TDAH se encuentran:
- Chocar con los muebles: las personas TDAH que presentan dispraxia motora suelen mostrar cierta torpeza en los movimientos, que se traduce en episodios frecuentes de choques accidentales contra muebles u otros obstáculos presentes en el entorno doméstico o laboral. Esta dificultad no está relacionada con una distracción momentánea, sino con un problema persistente en la planificación y ejecución motora, que conduce a una baja orientación espacial y a una percepción limitada del propio cuerpo en el espacio, provocando así contactos repetidos e indeseados con los objetos del entorno.
- Dificultad para abrir envases o paquetes sin romperlos: una de las manifestaciones típicas de la dispraxia motora en el TDAH afecta a la motricidad fina de las manos. Abrir un envase de alimentos o un paquete puede convertirse en una tarea compleja y frustrante, a menudo realizada con demasiada fuerza o con movimientos poco precisos, provocando la rotura accidental del contenido o un desgarro excesivo del envoltorio. Esto ocurre porque la coordinación entre percepción y motricidad fina está alterada, dificultando la regulación de la fuerza y la ejecución de gestos delicados.
- Fallar al llevar el vaso a la boca o golpear los dientes: incluso una acción aparentemente simple como llevar un vaso a la boca puede resultar problemática. Quienes presentan dispraxia motora pueden fallar con frecuencia el objetivo, derramando agua fuera de la boca o golpeando involuntariamente los dientes con el vaso. Este tipo de dificultad se debe a una baja precisión motora que complica la correcta gestión de los movimientos secuenciales y coordinados necesarios para beber.
- No regular la cantidad de las cosas (ej. vaso de agua, pasta dental en el cepillo, etc.): la capacidad de dosificar correctamente líquidos u otras sustancias puede verse afectada. Por ejemplo, poner demasiada pasta dental en el cepillo o llenar en exceso un vaso de agua son comportamientos frecuentes. La dispraxia motora puede afectar la percepción de la cantidad y la regulación del movimiento necesario para dosificar adecuadamente, generando situaciones incómodas o desordenadas.
- No regular la fuerza al cerrar puertas, ventanas, etc.: la regulación de la fuerza muscular es otra área crítica. Puede ocurrir que una persona TDAH cierre una puerta con demasiada fuerza, generando ruidos fuertes o incluso pequeños daños, o que no consiga cerrarla correctamente por falta de fuerza adecuada. Esta incoherencia en la modulación de la fuerza deriva de dificultades en la retroalimentación motora y perceptiva, haciendo que las actividades cotidianas sean fuente de incomodidad o esfuerzo.
- Dificultad para escribir a mano de forma legible: la escritura manual es uno de los ámbitos más afectados. A menudo la letra resulta irregular, desordenada, con letras superpuestas, de tamaño inconsistente o difícilmente legible. Mantener la línea de escritura y controlar la presión del bolígrafo resulta complicado, haciendo que las tareas escolares o laborales que requieren escritura manual sean especialmente exigentes y frustrantes.
- Dificultad para introducir la llave en la cerradura, conectar el cargador o enroscar tapones: las acciones que requieren precisión, como introducir una llave en una cerradura o conectar un cargador, representan un obstáculo significativo. La coordinación óculo-manual suele ser limitada, haciendo que estos gestos sean lentos e imprecisos. También enroscar correctamente tapones puede resultar difícil, provocando roscados incorrectos o dificultades para completar la acción.
- Que la comida o bebida “se vaya por el otro lado”: durante las comidas, puede ocurrir con frecuencia que un bocado o una bebida se desvíe. Esta dificultad en la deglución está relacionada con una falta de sincronización entre las fases de masticación y deglución, lo que puede provocar no solo molestias, sino también riesgos de atragantamiento o episodios desagradables durante las comidas.
- Morder los cubiertos mientras se come: también en el ámbito alimentario, las personas con dispraxia motora pueden morder accidentalmente los cubiertos, un fenómeno que ocurre por un control motor inadecuado durante la masticación. Este gesto no solo es incómodo, sino que también puede causar daños en los dientes o encías.
- Errores al teclear (en móvil o PC): la precisión requerida al usar teclados, ya sean virtuales o físicos, suele ser problemática. Escribir en un smartphone o en un ordenador puede generar errores constantes, letras invertidas o pulsaciones dobles, haciendo necesario un control continuo y correcciones frecuentes. La dificultad aumenta cuando se requiere rapidez, como en mensajes o correos urgentes.
- Abrochar zapatos, botones o cremalleras: acciones como abrocharse los zapatos, cerrar botones o subir cremalleras son ejemplos clásicos de dificultad motora fina. La secuencia de movimientos necesaria y la precisión requerida suelen resultar frustrantes y pueden requerir mucho más tiempo del habitual, o incluso la ayuda de otra persona.
- Romper objetos (vasos, etc.): la regulación insuficiente de la fuerza y la torpeza en los movimientos llevan con frecuencia a romper objetos frágiles como vasos o platos. Incluso un gesto simple, como dejar un vaso sobre la mesa, puede terminar en un pequeño accidente doméstico.
Es revelador descubrir que ese modo torpe de moverse, que quizá siempre habías atribuido a tu “falta de atención crónica”, es en realidad una manifestación precisa y documentada del TDAH: una de las múltiples formas en que esta condición se expresa en la vida cotidiana, más allá de la simple dificultad de concentración o la impulsividad.
Esta toma de conciencia puede ser tanto sorprendente como liberadora: sorprendente porque a menudo no se espera que el TDAH tenga también manifestaciones físicas tan concretas, y liberadora porque permite dar sentido a muchas pequeñas frustraciones cotidianas que antes parecían inexplicables.
Comprender que existe una raíz neurodivergente detrás de ciertos comportamientos ayuda a ser más amable con uno mismo, a reconocer los propios límites sin juicio y, sobre todo, a buscar estrategias más eficaces para afrontar estos desafíos con mayor serenidad y conciencia.

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