¿Alguna vez has oído hablar de la dispraxia? Si lo has hecho, podría sorprenderte descubrir que la dispraxia está conectada de varias maneras con el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). Si nunca lo habías escuchado, ¡no te preocupes!
En las siguientes líneas descubriremos juntos qué es la dispraxia y cuál es la conexión entre esta condición y el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH)!
¿Qué es la dispraxia?
La dispraxia, también conocida como Trastorno del Desarrollo de la Coordinación (TDC), es una condición neurológica que afecta las habilidades motoras de una persona.
Esta afecta la capacidad de planificar, coordinar y ejecutar movimientos voluntarios de manera fluida y eficaz. No es causada por debilidad muscular ni por un problema estructural, sino por dificultades en la organización y el envío de las instrucciones motoras desde el cerebro.
El término dispraxia proviene del griego antiguo:
• “Dys” (δυσ-), que significa “dificultad” o “alteración”;
• “Praxis” (πρᾶξις), que significa “acción” o “acto motor voluntario”.
Literalmente, dispraxia significa “dificultad en la acción”, lo que resalta el problema principal de esta condición: la incapacidad para planificar y ejecutar los movimientos de manera eficiente.
Esta condición suele manifestarse desde la infancia, pero puede persistir hasta la edad adulta.
A pesar de su prevalencia, la dispraxia a menudo está subdiagnosticada y mal entendida, lo que puede generar dificultades significativas para quienes la padecen, tanto a nivel escolar como en la vida cotidiana.
La dispraxia afecta varias habilidades motoras, entre las cuales:
- Habilidades motoras generales: Estas habilidades incluyen movimientos amplios y coordinados, como correr, saltar y otras actividades físicas que requieren buena coordinación corporal. Los niños con dispraxia pueden parecer torpes o descoordinados y pueden tener dificultades para participar en juegos y deportes con sus compañeros.
- Habilidades motoras finas: Estas habilidades implican movimientos pequeños y controlados, como escribir, dibujar, usar tijeras y otras actividades manuales. Los niños con dispraxia a menudo tienen dificultades para sostener un lápiz correctamente, escribir de manera legible o realizar actividades que requieren precisión fina.
- Planificación motora: Esta habilidad se refiere a la capacidad de planificar y ejecutar una serie de movimientos consecutivos o múltiples, como atarse los zapatos, vestirse o completar tareas secuenciales. La planificación motora es esencial para realizar tareas diarias de manera eficiente y coordinada. Los niños con dispraxia pueden tener dificultades para seguir instrucciones que requieren varios pasos y pueden parecer desorganizados en sus movimientos.
Además de estas dificultades motoras, la dispraxia también puede tener un impacto significativo en las competencias sociales y emocionales del niño. La frustración derivada de la dificultad para realizar tareas cotidianas puede llevar a una baja autoestima y problemas conductuales.
El estudio “Los problemas motores en los niños TDAH reciben muy poca atención en la práctica clínica” afirma que el bajo rendimiento en deportes y juegos es, al igual que el TDAH, un factor negativo importante que afecta la popularidad de un niño dentro del grupo de iguales. Los niños con una combinación de TDAH y bajo rendimiento motor están, por lo tanto, doblemente desfavorecidos.
¿Cuáles son los síntomas de la dispraxia?
Las manifestaciones de la dispraxia son potencialmente infinitas. Sin embargo, si tuviéramos que elegir de cuáles hablar, las más comunes incluyen:
- Dificultades en las habilidades motoras gruesas: La dispraxia motora afecta la coordinación de los movimientos amplios del cuerpo, haciendo que actividades que involucren el control postural, el equilibrio y la coordinación general sean complicadas. Las personas con dispraxia pueden:
- Tener una caminata inestable o torpe
- Tropiezar o caer con frecuencia;
- Costarles mantener el equilibrio sobre una pierna o en movimientos que requieren estabilidad (como subir escaleras o estar de pie sobre un solo pie);
- Tener dificultades en deportes y actividades que requieren movimientos coordinados, como correr, nadar, saltar o andar en bicicleta.
- Dificultades en las habilidades motoras finas: Las habilidades motoras finas implican movimientos pequeños y precisos, típicamente realizados con las manos y los dedos. En la dispraxia, estas actividades pueden ser complejas y lentas. Entre las dificultades más comunes se encuentran
- Escritura irregular, ilegible o muy lenta (disgrafía);
- Dificultades para atarse los zapatos, abotonarse la ropa o cerrar una cremallera;
- Problemas en el uso de utensilios como cubiertos, tijeras o herramientas;
- Dificultades para manejar objetos pequeños, como monedas o cuentas;
- Poca precisión en los movimientos que requieren destreza, como maquillarse o peinarse.
- Problemas de coordinación bilateral: Coordinar ambos lados del cuerpo puede ser complicado para quienes tienen dispraxia. Esto puede manifestarse con dificultades en actividades como:
- Aplaudir al ritmo o sincronizar los movimientos durante un ejercicio físico
- Usar ambas manos juntas, por ejemplo, al cortar con cuchillo y tenedor
- Tocar instrumentos musicales que requieren movimientos independientes de las manos
- Alternar los movimientos de manera fluida, como en la natación o el salto de la cuerda.
- Dificultades en la planificación y secuenciación de los movimientos: Planificar una secuencia de movimientos complejos puede resultar difícil. Esto lleva a una ejecución poco fluida y una alta probabilidad de errores. Algunas manifestaciones incluyen:
- Confusión en los movimientos que requieren varios pasos, como vestirse en el orden correcto;
- Perder el hilo durante tareas que requieren una secuencia precisa, como cocinar o montar un objeto;
- Vacilaciones y movimientos desorganizados cuando se intenta aprender un nuevo gesto motor.
- Lentitud y fatiga en los movimientos:
- Las personas con dispraxia suelen tardar más en realizar tareas motrices en comparación con los demás, y esta lentitud puede causar frustración y fatiga. Esto se traduce en:
- Fatiga excesiva en las actividades físicas;
- Mayor dificultad para mantener la atención en tareas que requieren un esfuerzo motor prolongado;
- Necesidad de más tiempo para completar tareas diarias que para otros son automáticas.
- Dificultades en la orientación espacial y la percepción corporal: La dispraxia puede afectar la capacidad de percibir la posición del cuerpo en el espacio, causando problemas como:
- Dificultad para estimar distancias y profundidades, lo que lleva a chocar frecuentemente con objetos o personas
- Escasa conciencia de la propia posición respecto a los demás, con el riesgo de invadir involuntariamente el espacio personal ajeno;
- Problemas para seguir caminos o mapas, con dificultades para orientarse en entornos nuevos.
- Dificultades en el ritmo y la sincronización de los movimientos: El ritmo y la fluidez de los movimientos pueden estar alterados. Esto puede llevar a:
- Dificultad para bailar o realizar movimientos rítmicos de manera coordinada
- Problemas para sincronizar el paso con otras personas cuando se camina juntos
- Iregularidades en los movimientos repetitivos, como golpear los dedos o tamborilear con las manos.
- Dificultades en el uso de la tecnología y las herramientas digitales: Aunque la tecnología puede ser una ayuda para las personas con dispraxia, algunas dificultades motoras pueden interferir con el uso de herramientas digitales, como:
- Poca precisión al teclear en el teclado o en pantallas táctiles
- Dificultades en el uso del ratón o en el control fino de los movimientos en la pantalla
- Problemas con los videojuegos que requieren una rápida coordinación ojo-mano.
Es importante considerar que los síntomas de la dispraxia varían principalmente según el rango de edad. De hecho, los niños en los primeros años de vida pueden comenzar a caminar o gatear más tarde que el promedio, mientras que, con el tiempo, pueden tener dificultades para escribir o dibujar y mostrar un rendimiento inferior al promedio en actividades físicas que requieren coordinación.
Diagnóstico y tratamientos de la dispraxia
El diagnóstico de la dispraxia puede variar debido a diversos factores. Generalmente, se puede sospechar de dispraxia desde la primera infancia, pero normalmente se necesitan al menos 5 años para obtener un diagnóstico definitivo.
Es tranquilizador observar que, una vez diagnosticados, los individuos con dispraxia pueden obtener mejoras significativas gracias a los tratamientos y la terapia. De hecho, aunque la dispraxia no se puede curar, comenzar la terapia lo antes posible mejora el pronóstico.
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¿Cuál es la conexión entre el TDAH y la dispraxia?
Una de las características menos discutidas del TDAH es su correlación con los trastornos motores, especialmente con la dispraxia motora.
Aunque el TDAH se asocia comúnmente con dificultades en la atención, la impulsividad y la hiperactividad, muchas personas TDAH también experimentan problemas de coordinación motora, equilibrio y planificación de movimientos.
Para las personas TDAH, tropezar, chocar con objetos, golpear a las personas, caer, romper o derramar objetos son experiencias frecuentes. Sin embargo, rara vez se cuestiona la relación entre el TDAH y los trastornos motores, y a menudo se tiende a descartar estas dificultades como simple torpeza o distracción.
Los trastornos motores, como la dispraxia, no son un síntoma del TDAH en sentido estricto, sino una condición que a menudo lo acompaña. Muchas personas TDAH presentan dificultades motoras significativas que van más allá de la simple desatención o impulsividad, convirtiendo la dispraxia en una comorbilidad común del TDAH.
La asociación entre el TDAH y los trastornos motores se debe a varios factores neurobiológicos, incluidos:
- La implicación de estructuras cerebrales específicas: algunas áreas del cerebro, como los ganglios basales y el cerebelo, son fundamentales para la regulación de los movimientos y se encuentran alteradas tanto en el TDAH como en la dispraxia.
- Los ganglios basales están involucrados en la planificación y control de los movimientos, afectando tanto la ejecución motora como la regulación de la impulsividad.
- El cerebelo es esencial para el equilibrio, la coordinación y la precisión de los movimientos. Las dificultades motoras típicas de las personas TDAH podrían derivarse de un mal funcionamiento en estas áreas cerebrales.
- Alteraciones en la neurotransmisión dopaminérgica: la dopamina, un neurotransmisor esencial para la regulación de la atención y la motivación, también desempeña un papel clave en el control motor. Los ganglios basales dependen en gran medida de la dopamina para funcionar correctamente, por lo que las alteraciones en el sistema dopaminérgico, características del TDAH, pueden tener un impacto directo en la coordinación motora y la fluidez de los movimientos. Esto explica por qué muchas personas TDAH experimentan dificultades en los movimientos voluntarios, los reflejos motores y el control de la impulsividad motora.
En las personas TDAH, estas anomalías no solo afectan la concentración y el comportamiento, sino que también pueden comprometer la capacidad de realizar movimientos precisos y coordinados.
Esto puede manifestarse con:
- Dificultades para mantener el equilibrio y la postura;
- Poca coordinación en movimientos complejos y secuenciales (por ejemplo, atarse los zapatos o practicar deportes);
- Movimientos poco fluidos e irregulares, lo que hace que algunas actividades sean más agotadoras y menos eficientes.
Algunos síntomas de la dispraxia pueden estar presentes también en la población general, pero en las personas TDAH están determinados por factores neurobiológicos y tienen una frecuencia e intensidad que van más allá de la simple desatención o distracción ocasional.
No se trata solo de chocar accidentalmente con una puerta o derramar un vaso de vez en cuando.
Para muchas personas TDAH, estas dificultades son constantes y persistentes, afectando la vida cotidiana, el trabajo y las relaciones sociales.
La correlación entre TDAH y trastornos motores es, por lo tanto, un aspecto importante que merece más atención tanto en el diagnóstico como en el apoyo a quienes viven con estas dificultades.
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TDAH y dificultades de aprendizaje
Aunque la dispraxia es una condición del neurodesarrollo, a menudo se asocia y agrupa con otros trastornos del aprendizaje. Es interesante señalar esto porque, a pesar de que el TDAH no es en sí un trastorno del aprendizaje, no es raro que algunos de los síntomas del TDAH puedan afectar la capacidad de aprendizaje.
La dispraxia, de hecho, es solo uno de los numerosos trastornos del aprendizaje que pueden afectar a las personas TDAH. Entre los trastornos del aprendizaje asociados al TDAH, los más comunes son:
- Dislexia
- Disgrafía
- Discalculia
- Afasia o disfasia
- Trastorno del procesamiento visual y auditivo
Entre ellas, la más importante es la terapia para el TDAH.
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Este artículo es solo informativo y no reemplaza el diagnóstico de un profesional.
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Fuentes:
- https://www.donefirst.com/blog/all-about-dyspraxia-what-it-is-how-its-related-to-adhd



